Si te rindes, ellos también: liderazgo y ejemplo en educación
Por: Darwin Lozano
Una reflexión sobre la perseverancia de los padres, el apoyo de los maestros y el liderazgo consciente en el hogar
La tarea escolar puede convertirse en una oportunidad para enseñar perseverancia. Lo que un niño ve en casa puede marcar la diferencia entre rendirse o seguir intentando. Hola, soy Darwin, y esta semana quiero reflexionar contigo sobre eso.
Recibí un mensaje de la mamá de una de mis estudiantes. Me explicó que la tarea había sido muy difícil y que, por esa razón, su hija no podría entregarla. La familia habla portugués y algo de inglés, así que entiendo la dificultad.
Lo primero que hice fue agradecerle por apoyar a su hija. Sé que muchos padres trabajan jornadas largas y, al final del día, cuesta encontrar energía para sentarse a hacer tareas escolares. Aun así, mientras leía su mensaje, varias preguntas comenzaron a rondar en mi mente: ¿qué pasa cuando un padre se da por vencido? ¿Qué mensaje recibe un hijo al ver que mamá o papá dejan de intentarlo? ¿Y qué podemos hacer los maestros para que la tarea no se sienta como una montaña imposible, sino como una oportunidad para aprender juntos?
Al día siguiente, mi estudiante regresó al salón con una sonrisa tímida y me dijo:
“Lo siento, Mr. D. Mi mamá y yo tratamos, pero no entendimos y no pudimos terminar la tarea.”
La abracé y le respondí que no se preocupara, que lo resolveríamos juntos. Ella es una niña dulce y aplicada. Ese momento me recordó algo importante: los niños observan todo. Si ven perseverancia, aprenden a no rendirse.
El desafío
Muchos padres enfrentan limitaciones reales: cansancio, idioma, falta de tiempo o de confianza. Yo lo entiendo bien porque lo viví. Mi abuela, quien me crió, no sabía leer ni escribir. Nunca pudo ayudarme con las tareas. Yo tenía que resolver todo solo, prestando atención extra en clase.
Hoy la situación es distinta. Tenemos internet, teléfonos y recursos al alcance. Aun así, en mi clase noto que aproximadamente el 40 % entrega la tarea completa, un 20 % la entrega incompleta y otro 40 % no la entrega. Las razones son variadas: la dificultad de la tarea, la falta de confianza, el cansancio después de la jornada escolar o, en algunos casos, poco acompañamiento en casa. No siempre es un problema de capacidad; muchas veces es un asunto de perseverancia y de educación en casa bien acompañada.
Lo que dicen los expertos
La investigación confirma el valor de la tarea en casa cuando está bien diseñada y acompañada:
– Refuerza lo aprendido: ayuda a consolidar conocimientos y memoria (Reading Rockets).
– Crea hábitos y disciplina: fomenta la responsabilidad y la constancia (Oxford Learning).
– Involucra a las familias: abre diálogo sobre lo que los hijos aprenden y fortalece la alianza escuela-familia (University of San Diego).
– Mejora el rendimiento académico: cuando es clara, adecuada y recibe retroalimentación, eleva notas y confianza (The Hub, Cooper & Patall).
El problema no es la tarea en sí, sino cómo la enfrentamos desde el hogar y la escuela.
El papel de los maestros
Los docentes también tenemos responsabilidad. Yo procuro que las tareas no excedan los 30 minutos y que realmente ayuden a reforzar lo que mis estudiantes aprendieron en clase ese día.
¿Qué podemos hacer los maestros para que esos minutos sean productivos?
– Dar un propósito claro a cada tarea y explicarlo en clase.
– Diseñar actividades realistas y diferenciadas, acordes al nivel del estudiante.
– Ofrecer opciones para promover autonomía y motivación.
– Brindar retroalimentación rápida y positiva, que reconozca el esfuerzo y oriente el siguiente paso.
Cuando los niños entienden para qué sirve lo que hacen y sienten apoyo, la tarea deja de ser un carga y se convierta en una herramienta de crecimiento.
Liderazgo consciente en casa
Vuelvo a la pregunta inicial: ¿es una opción rendirse?
Si un padre dice “no puedo” y se da por vencido, el hijo probablemente hará lo mismo. El mensaje que recibe es: “si mamá o papá no puede, yo tampoco.”
El liderazgo consciente también se vive en el hogar. Significa mostrar perseverancia, calma y resiliencia frente a la dificultad, aun cuando no entiendas del todo una tarea o un idioma. Ese ejemplo vale más que cualquier explicación académica, porque enseña a no rendirse ante la primera barrera.
Algunas ideas prácticas para el apoyo de los padres:
– Acompaña y conversa, aunque no lo sepas todo. Tu presencia importa.
– Crea rutinas con lugar fijo, horario y materiales listos.
– Mantén una actitud positiva: lo que tus hijos sí notan no es si sabes todo, sino tu disposición.
– Usa tecnología útil (traductores, tutoriales, plataformas) para reducir la frustración.
– Comunícate con el maestro: la colaboración hace la diferencia.
Reflexión final
Yo caminé solo en la educación. Muchas veces me sentí frustrado y hasta lloré porque no entendía la tarea. Esa fue mi realidad. Pero hoy nuestros hijos no tienen que repetir esa historia.
Ellos cuentan con recursos, con maestros y, sobre todo, con familias que pueden marcar la diferencia con su ejemplo. Si tú te rindes, ellos también lo harán. Pero si perseveras, tus hijos aprenderán que el esfuerzo vale la pena. Ese será el mejor regalo para su futuro.
El liderazgo consciente no exige perfección, exige presencia. En la escuela, implica tender puentes con las familias. En casa, significa modelar resiliencia. Cuando la escuela y la familia trabajan de la mano, los niños no se rinden: aprenden, crecen y descubren que son capaces.
La próxima vez que la tarea de tu hijo parezca difícil, no te rindas. Siéntate con él. Intenten juntos. Haz preguntas. Escribe al maestro si lo necesitas.
Tus hijos recordarán más tu esfuerzo que tus respuestas. Y ese ejemplo puede ser la chispa que les enseñe que rendirse no es una opción.
Hasta la próxima semana,
Darwin
